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¿ESTÁ ESCRITO EN LAS ESTRELLAS? | Una revisión crítica de la astrología

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Astrología

 

Para aquellos que nos dedicamos a la astronomía, es bastante frecuente que nos pregunten acerca de la influencia de los cometas en el destino de los países, o si sabemos hacer cartas astrales, o si durante la carrera nos enseñan a hacer horóscopos. Muy pocos conocen la diferencia entre astronomía y astrología | Por Miguel Ángel Sabadell

 

VoltaireAsí, el presidente francés François Mitterrand alabó los descubrimientos de la astrología en un congreso de astrónomos celebrado en Francia hace algunos años. Esta confusión entre ciencia y pseudociencia se ha venido extendiendo debido al auge que ha experimentado todo lo relacionado con el ocultismo, la parapsicología y los extraterrestres en los últimos años. La diferencia entre ambas es notable. Según la definen los propios astrólogos, “La astrología es la ciencia que estudia la acción de los cuerpos celestes sobre los objetos animados e inanimados y la reacción de éstos ante esas influencias. Estudia también los ángulos entre planetas y sus efectos visibles sobre la humanidad.” (March y McEvers, 1989)

La astronomía no tiene tales pretensiones. Se conforma con describir el Universo, intentar determinar su origen y su final y el de los objetos que en él existen: planetas, estrellas, galaxias… Difícilmente se podría encontrar a un astrónomo profesional o aficionado que crea que las posiciones relativas de los planetas determinan el carácter y el destino de las personas (astrología natal), o que influyan sobre la economía (astroeconomía) o la política de un país (astrología mundial). Por algo muy sencillo. El mayor logro de la ciencia, y en particular de la astronomía, es el haber descubierto que todo el universo se rige por las mismas leyes y está hecho con los mismos elementos químicos que los encontrados en la Tierra. La caída de una hoja, el movimiento de los planetas y el de las galaxias están recogidos por una única ley. El hidrógeno del Sol, la limonita de Marte o el anhídrido carbónico de Venus son idénticos a los encontrados aquí. Así que, ¿por qué el amoniaco de Júpiter puede influir en nuestro carácter y el que tenemos guardado en el armario de la cocina no?.

La astrología se basa en opiniones y en creencias más que en evidencias. Es consecuencia del pensamiento mitológico de las primeras culturas. Es consecuencia de una forma de ver el mundo, de una cosmología completamente diferente a la real. Resulta edificante repasar la historia de la astronomía, pues en ella encontraremos las razones por las cuales la astrología es indefendible.

EL ORIGEN DE LA ASTROLOGÍA

Al Biruni_text

Desde el comienzo de la civilización los hombres han mirado hacia el cielo. Descubrieron la existencia de determinados ciclos celestes que se superponían a otros ya conocidos como las estaciones, el día y la noche, la siembra y la cosecha, los movimientos migratorios de los animales… Por tanto, usaron esos ciclos celestes como vehículo para predecir, entre otras cosas, las épocas en las cuales debían cazar y recolectar. La existencia de muescas en huesos de animales del Paleolítico Superior revelan que los antiguos pobladores llevaban un registro de observaciones lunares que usaban para preparar la caza (ver Marshack, 1964). Idéntico uso de las fases lunares se han encontrado en China, India, Egipto, Babilonia, América Central… Junto con otros, este hecho invalida el conocido argumento, repetido hasta el aburrimiento, de que la astronomía es hija de la astrología. El prestigioso historiador de la ciencia Neugebauer (1957) afirma: “Normalmente se dice que la astronomía se originó de la astrología. No he encontrado ninguna evidencia para esta teoría”.

El origen de la astrología occidental debemos buscarlo en Mesopotamia, en la Babilonia y Asiria de hace 4000 años. Era ésta una civilización floreciente, y como todo pueblo que ha desarrollado un grado cultural suficiente, creó una mitología para explicar el mundo intentando dar respuesta a las eternas preguntas ¿Quienes somos? ¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos? Inventaron dioses como Marduk para explicar tanto la caída de una hoja como el movimiento del Sol y las estrellas alrededor de la Tierra, centro del Universo. Residían en el único lugar para ellos inalcanzable: el cielo. Así que trasladaron toda su religión a la bóveda celeste. En ella encontraron ciertos cuerpos, los planetas (del griego “errantes”), que se movían por el firmamento. Identificaron al Sol, la Luna, Mercurio, Venus. Marte, Júpiter y Saturno con sus dioses y les atribuyeron características en función de su aspecto. Es el conocido razonamiento por analogía clásico del pensamiento mágico y mitológico. Marte (Nergal), de color rojo brillante, era el dios de la guerra; Venus (Ishtar), luminaria del atardecer y del amanecer, era la diosa de la fertilidad; Júpiter (Marduk), de color blanco, era el padre de los dioses. Que los planetas influyeran en los acontecimientos terrestres era algo evidente pues ¿no estaba acaso la Tierra en el centro del Universo?, ¿no influye el Sol en todos nosotros, marcando cuándo debemos levantarnos, cuándo debemos sembrar?

Los registros más antiguos que se conservan sobre los conocimientos matemáticos y astronómicos de los babilonios corresponden al reinado de la dinastía Hammurabi (del 1800 al 1600 a.C.). Los sacerdotes caldeos, depositarios de estos sabores, observaban cuidadosamente el cielo anotando las posiciones relativas de los planetas y la Luna, necesarias para el establecimiento del calendario lunisolar base de su cultura. Después de siglos de paciente observación, registrando minuciosamente todos los sucesos acaecidos en el reino, las posiciones de los planetas y la Luna, y de todos los fenómenos meteorológicos destacados (como puede ser la presencia de un halo alrededor del Sol) se comenzaron a dar las primeras predicciones. Curiosamente, no estaban referidas al carácter o el comportamiento de las personas, sino que los primitivos informes se referían a predicciones sobre el tiempo meteorológico, inundaciones, cosechas y el futuro del reino: “Si el Sol poniente parece el doble de grande que de costumbre y tres de sus rayos son azulados, el rey del país está perdido” “Si la Luna es visible el décimo día, hay buenas noticias para la tierra de Akkad, malas noticias para Siria” (predicciones de Sargón el Viejo hacia el 2400 a.C.).

Para los sacerdotes babilonios el arte de la predicción era una parte fundamental de su quehacer diario. Usaban todos los métodos imaginables para ello: la interpretación de los sueños, el análisis de las vísceras de los animales sacrificados, el vuelo de las aves, los nacimientos anormales… Sin embargo, los sucesos realmente importantes sólo podían predecirse mirando al cielo. Únicamente el destino de los países y sus gobernantes podía ser obtenido interpretando los fenómenos astronómicos y meteorológicos (los caldeos no hacían distinción alguna entre ellos). Esta primitiva astrología no daba importancia a las constelaciones en que se encontraban los planetas, sino únicamente al brillo y posiciones relativas de éstos, a los eclipses de Luna y de Sol, a la aparición de estrellas fugaces… Fue hacia el 700 a.C. cuando nació la idea del Zodiaco. Como alguien dijo una vez, “si los planetas son las agujas del reloj, el Zodiaco proporciona los doce números de la esfera”. La primera tablilla de una serie llamada Mul Apin menciona ‘las constelaciones del camino de la Luna’ que, traducidos a nuestros propios grupos de estrellas, son: Pléyades, Tauro, Orión, Perseo, Cochero, Géminis, Cáncer, Leo, Spica, Libra, Escorpión, Sagitario, Capricornio, Acuario, Piscis, Pegaso, Piscis más la parte media de Andrómeda y Aries. 18 signos en total. Los doce signos aparecieron hacia el 400 a.C., después de un periodo donde su numero había sido reducido a once. La constelación faltante era Libra, que se construyó a expensas de las pinzas del vecino Escorpión. El por qué a un conjunto de estrellas se la llamó Capricornio o Sagitario tiene su origen en diversos motivos: la muy vaga apariencia con algún animal (Tauro o Leo), las características climáticas de la región cuando el Sol se encontraba en esa constelación (Acuario, cuyo significado es el portador del agua porque Enero era el mes más húmedo en Mesopotamia) o algún otro tipo de razonamiento lógico.

Es evidente que los sacerdotes caldeos encontrasen ‘correlaciones’ entre los eclipses lunares (objetivo prioritario de sus observaciones) y otros sucesos astronómicos con momentos relevantes de su historia. Igualmente las podrían haber hallado con el ciclo reproductor del escarabajo pelotero o con el de la metamorfosis de la rana. Hoy sabemos que esas relaciones aparentes son absolutamente casuales y conllevan un alto grado de componente psicológico (eliminar los errores y ensalzar los aciertos). Sin embargo, para ellos era una clara consecuencia de su propia cultura. Los dioses vivían en el cielo y, conocedores del futuro de los hombres enviaban a sus representantes (los sacerdotes) señales sobre los próximos acontecimientos que debían interpretar. Esta filosofía se encontraba sumergida en la idea de un tiempo cíclico, donde la historia siempre se repite. El pastel resultante es obvio: la predicción del futuro mirando las estrellas.

A partir del año 300 a.C. empiezan a aparecer algún tipo de predicciones particulares. El deseo que cada persona tiene de conocer su futuro hace que el negocio se amplíe. Todavía los horóscopos babilónicos no son como los que conocemos actualmente ni como los que conocían los griegos y romanos. La colección de predicciones astrológicas babilónicas traducidas por Sachs (1952) no mencionan ni el signo ni las posiciones planetarias secundarias de tanta importancia en el horóscopo grecorromano, aunque su estructura sigue siendo la misma (incluidas las clásicas afirmaciones banales y generales): “Júpiter en 18º Sagitario. El lugar de Júpiter significa: su vida será regular, buena; será rico, llegará a viejo”. “Venus en 4º Tauro. El lugar de Venus significa: dondequiera que esté todo le irá bien; tendrá hijos e hijos. (Horóscopo de un nacido el 3 de Junio del 234 a.C.)

Con las conquistas de Alejandro Magno (300 a.C.), toda esta tradición astrológica pasa al mundo griego. El camino había sido preparado por las ideas de Platón y Pitágoras. Ambos habían unido matemáticas y misticismo, habían hecho una religión de las matemáticas. Enseñaban la unicidad entre el cielo y la tierra, la perfección de los cuerpos celestes, con los planetas moviéndose en esferas de cristal perfectamente transparentes (“la música de las esferas”). Con semejante bagaje filosófico no es difícil entender la rápida aceptación de la astrología: era la prueba palpable de esa unión mística con el universo.

La astrología llegó a Grecia por dos caminos: Babilonia y Egipto. Desde Babilonia gracias al sacerdote Beroso que la enseñaba en la isla griega de Cos hacia el año 280 a.C. Allí escribió su monumental Babyloniaca, obra en tres volúmenes donde expone sus conocimientos y la información traída de su país. Beroso, muy interesado en los trabajos del médico griego Hipócrates, se cree que fue el fundador de la medicina astrológica, práctica perniciosa que relaciona cada parte del cuerpo con un signo astrológico. En pocas palabras, la culpa de las enfermedades la tienen los planetas.

La astrología egipcia tiene su base en los llamados decanos, periodos de l0 días, cada uno de los cuales se hallaba bajo la protección de un dios representado por una estrella o grupo de estrellas. En total había 36 decanos y se usaban esencialmente para seguir el ciclo de Sirio (Sothis), cuyo levantamiento helíaco daba comienzo al año egipcio. El levantamiento helíaco del resto daba comienzo a distintas partes del año, las décadas. Como es natural, lo que comenzó siendo una forma de medir el tiempo se tornó en un sistema predictivo relacionado, además, con otros campos como la alquimia, las piedras y plantas mágicas… Esta escuela culminó en un libro escrito por dos personajes llamados Petosiris y Nequepso (probablemente legendarios) sobre el año 160 a.C. Sin embargo, los griegos las adoptaron a sus propias creencias.

Definitivamente la influencia de los astros se extiende a todos los seres humanos sin excepción (¿quizá porque no había reyes en Grecia y veían peligrar el negocio?); las acciones atribuidas a los planetas se hacen más humanas, pues los mismos dioses griegos tenían atributos humanos: cobraron importancia las constelaciones del Zodiaco pues no era lógico que la esfera de las estrellas fijas no sirviera para nada cuando el resto tenían un significado preciso.

ELEMENTOS DE UN HORÓSCOPO

PlotinoLos griegos, como matemáticos que eran, sistematizaron y geometrizaron la astrología. Dividieron el círculo zodiacal en doce partes iguales reemplazando los irregulares signos babilonios. ¿Por qué doce? Sin duda fue por razones estéticas: el once es un número primo y no divide exactamente los 360º de una circunferencia.

Como enamorados de la geometría, la introdujeron en la astrología (ver figura 1). Unieron los distintos signos con triángulos y cuadrados. Los cuatro triángulos que así se obtienen los identificaron con los cuatro elementos clásicos o humores: tierra, aire, agua y fuego. Los tres cuadrados dan origen a la clasificación ternaria o cualidades, que divide a los signos en cardinales, fijos y mutables. Finalmente introdujeron las polaridades (negativa y positiva, o femenino y masculino) de manera alternada en todo el espectro zodiacal. Las relaciones entre las posiciones angulares de los planetas (aspectos y su influencia reside en el concepto místico-geométrico de ángulos armónicos (60º, 120º), disarmónicos (90º, 180º) o neutros (0º).

Aún se introdujo una complicación más. Se subdividió la superficie terrestre en doce husos horarios (casas terrenales) que proyectados sobre la esfera celeste dieron origen a doce sectores de 30 grados llamados casas celestes. Tenemos pues a los signos recorriendo las casas, inmóviles en el cielo astrológico, y cada signo tiene una influencia determinada dependiendo de la casa en que se encuentre. A los arcos que dividen las casas se les llama cúspides. La cúspide de la primera casa, que coincide con el horizonte Este se denomina ascendente. La cúspide en el horizonte Oeste se llama descendente. Ambas son de una importancia crucial a la hora de realizar un horóscopo. A todo esto deberíamos añadir que los planetas tienen influencias especiales según los signos con los que tienen una relación particular: éstas son las dignidades. Tendremos entonces el domicilio, el exilio o detrimento, la exaltación y la caída. Con todo esto se construye una carta natal o estudio astrológico.

Ptolomeo, el gran astrónomo alejandrino del siglo 2 d.C. recogió todas estas reglas y las escribió en el libro que es base de toda la astrología moderna: el Tetrabiblos. Nada sustancial ha cambiado desde entonces.

CONTRADICCIONES INTERNAS

ShakespeareDesde su origen la astrología ha tenido distintas escuelas. Incluso en la actualidad cada una tiene su propia interpretación. En 4000 años los astrólogos han sido incapaces de ponerse de acuerdo en aspectos fundamentales.

La primera se encuentra en la propia definición de astrología. Para unos, la astrología nos muestra la tendencia futura, pero que puede ser cambiada por nuestros propios actos. Para otros lo dictado por las estrellas es inmutable y sucede irremisiblemente. Después de tantos siglos de investigación astrológica. ¿aún no han podido dirimir esta cuestión fundamental? La segunda es que no saben si la astrología es una ciencia. Para unos es un arte (p.ej., Leonor Alazraki) y las estrellas y los planetas les hablan. Para otros es una ciencia (p.ej.: José S.M. de Pablos). ¡Claro que si! ¿Acaso no usan el ordenador y las tablas de posiciones planetarias de la NASA para realizar sus trabajos?.

Bastedo (1978) ha puesto de manifiesto que los astrólogos ni siquiera se ponen de acuerdo en las características propias de cada signo solar. De las ¡catorce! escuelas astrológicas consultadas en la zona de la bahía de San Francisco reunió un total de 2375 adjetivos, de los cuales sólo 30 eran citados por dos o más escuelas.

Pero la contradicción esencial dentro del mundo astrológico es si se debe tener en cuenta la llamada precesión de los equinoccios que ha hecho que los signos no coincidan con las constelaciones. Unos astrólogos dicen que una persona es Leo porque en el momento de su nacimiento el Sol se encontraba en el signo de Leo. Pero en realidad estaba en la constelación de Cáncer. A este tipo de astrología se la conoce como astrología tropical y es la que aparece en todas las revistas y periódicos. ¡Qué absurda resulta! Esta astrología coloca los distintos planetas en un cielo imaginario, un cielo de hace 2000 años que nada tiene que ver con el actual, y desde ahí, sin saber cómo ni porqué, los planetas influyen sobre las personas. Sin embargo hay otros astrólogos mas congruentes que si tienen en cuenta la precesión. A ésta se la conoce con el nombre de astrología sidérea. Así, quien haya nacido el 29 de julio será un idealista, orgulloso, ambicioso, arrogante y jactancioso Leo para un astrólogo tropical, pero será un doméstico, sensible, autocompasivo y demasiado cauto Cáncer para un astrólogo sidéreo. ¿Quién tiene razón? Ni ellos lo saben. No extrañaría nada encontrar a alguien que explique así los problemas de doble personalidad.

Si una persona nacida en una ciudad situada a a altas latitudes geográficas decide hacerse una carta astral puede encontrarse con serios problemas. En estos casos, el Medio Cielo (punto en la que el primer vertical corta al Zodiaco por encima del horizonte) y el Cielo Inferior (el otro punto debajo del horizonte) no coinciden con las cúspides. Este importantísimo problema se ha intentado solucionar a lo largo de la historia. Se fueron proponiendo diversos sistemas, llamados domificación. Entre ellos destaca el de Porfirio del siglo III mejorado por Al Kabisi en el siglo XI. El sistema Regiomontano aparece en el XV y en el siglo XVII Placidus Titus propone el que se convertiría en el más usado. Y en 1939 Koch desarrolló un nuevo sistema. Aún hoy, no existe consenso sobre cuál es el mejor. Y como ello repercute sobre la definición de los límites de las casas, no se puede estar seguro de cuál es el ascendente, de importancia vital a la hora de hacer el estudio astrológico.

¿Y qué ocurre con los lapones, esquimales y todos los nacidos por encima de los dos círculos polares? Allí la eclíptica no se encuentra en ninguna casa; el cielo se ve privado de planetas durante muchos meses, pues se encuentran todos por debajo del horizonte. Es una tierra de hombres sin horóscopo. ¿Quiere decir que todos los nacidos en esas latitudes son hombres con personalidad poco desarrollada, apáticos e incapaces de tales logros? Evidentemente no.

Otro importante punto en el que los astrólogos no están de acuerdo es en el valor de los orbes de los distintos aspectos. Esto hace cambiar el resultado de una carta natal radicalmente. Por otro lado, el orbe mínimo aceptado por algunas escuelas para algún aspecto es de un grado (para la mayoría es de tres, pero tomemos el valor más conservador). Por tanto, la variación de un grado en la posición de un planeta en el cielo no modifica sustancialmente un horóscopo. Esto equivale a unos cien kilómetros de longitud geográfica y a unos diez minutos de tiempo. Esto quiere decir que los nacidos en los hospitales de Madrid y alrededores dentro de ese espacio de tiempo tienen todos el mismo horóscopo. Da igual que sean de familia pobre o rica, todos tendrán el mismo destino y el mismo carácter. Mas obvio es el caso de los gemelos. Nacidos al mismo tiempo, deben tener horóscopos idénticos. Sin embargo, sus destinos pueden ser totalmente distintos.

¿Y las guerras? En ellas mueren muchos hombres, cada uno con una fecha de nacimiento distinta. La astrología no puede explicar por qué todos ellos tienen el mismo destino e igual ocurre con los muertos en accidentes. ¿Tenían los seis millones de judíos asesinados por Hitler cartas astrales confluentes?

PREGUNTAS SIN RESPUESTA

MONTESQUIEULas objeciones a la astrología han sido siempre las mismas, desde que el filósofo griego Carneades las planteara por vez primera. Con el avance del conocimiento se han ido añadiendo algunas, que si bien no son cuestiones definitivas, nos enseñan lo absurdo del planteamiento astrológico: no es otra cosa que convicciones personales y pensamiento mágico. Nada hay de realidad objetiva. Veamos algunas de estas preguntas embarazosas, no exentas de cierto sano humor escéptico.

• Si suponemos que las columnas astrológicas que aparecen en periódicos y revistas son ciertas, ¿quiere decir esto que la doceava parte de los habitantes del planeta (unos 400 millones) tienen todos el mismo tipo de día, cada día?

“Sagitario: Anímicamente te mostrarás muy nervioso y ansioso. Procura rodearte de gente apacible o busca una buena lectura. Cuidado con los viajes”. Bogdanich (1993)
“Virgo: Buen momento para poner en claro una situación personal, que desde hace mucho tiempo se encuentra en estado de confusión. Va a sentir la necesidad de comprender acerca del fundamental propósito de su vida y elevar el nivel de conciencia.” Vicente (1990)

Este es el tipo de predicción clásica en astrología totalmente vacía de contenido y de carácter predictivo. Se trata más bien de consejos aplicables a multitud de personas independientemente de su signo. Esta astrología de opereta es denostada por los que se califican como astrólogos serios, aunque muchos de ellos tengan su propia columna en algún periódico o revista.

• ¿Qué les hace suponer a los astrólogos occidentales que nuestra astrología es la buena?. Las culturas hindú, china y japonesa tienen una tradición astrológica tan impresionante como la nuestra pero basada en un conjunto de estrellas totalmente diferentes. Así, una de las astrologías chinas consta de 26 signos. Si una es cierta, las otras tienen que estar equivocadas.

• ¿Qué tipo de influencia, de fuerza, es la que ejercen los planetas sobre nosotros? La única fuerza conocida que podría influir de alguna manera es la gravitatoria. Sin embargo, la atracción que ejerce la enfermera o el médico sobre el recién nacido es mucho mayor que la que puedan ejercer los planetas. Por ejemplo, la fuerza gravitatoria del médico es 400.000 veces mayor que la de la Luna. Incluso las fuerzas de marea a las que siempre aluden son también despreciables. La fuerza de marea ejercida por la madre es 12 millones de veces mayor que la ejercida por la Luna. Luego debe tratarse de una fuerza desconocida ¿qué tipo de fuerza es? ¿Por qué sólo la percibe el cerebro humano y es inaccesible para cualquier aparato de medida? ¿Por qué manifiesta sólo en la astrología? Los descubrimientos hechos en física no contradicen a los realizados en química o en biología o en geología. Todos ellos están relacionados Es más, se considera un fuerte espaldarazo a la validez de una teoría el que, además de explicar ciertos hechos conocidos y predecir otros desconocidos, no entre en contradicción con ninguna otra firmemente asentada. Pero la astrología está en contra de todo lo que conocemos. Es incapaz de explicamos por qué esa misteriosa influencia no se presenta en ninguna otra disciplina científica. ¿Depende esta fuerza de la distancia? Parece ser que no, ya que los planetas tienen la misma influencia sobre nosotros tanto si están cerca como si están lejos de la Tierra. Entonces ¿por qué la astrología no tiene en cuenta el efecto de otros objetos celestes que emiten muchísima más energía que cualquier planeta como los púlsares, novas, supernovas, galaxias activas o cuásares? ¿por qué no tienen en cuenta la existencia de otros planetas en otras estrellas o en otras galaxias? ¿Por qué sólo influyen los nueve planetas, la Luna y el Sol? ¿Por qué no lo hacen los más de 2000 planetoides y asteroides que se encuentran dentro del Sistema Solar?. Para soslayar este tremendo problema los astrólogos hablan ahora de sincronicidad, mal interpretando el conocido término jungiano ¿Cómo justifican que la sincronicidad se dé con un cielo de hace 2.000 años, y no por ejemplo, con el de hace 50.000 años?

• ¿Por qué es el momento del nacimiento y no el de la concepción clave para la astrología? Por la medicina sabemos que es la concepción el momento clave para la existencia de un nuevo ser humano, y no el momento del nacimiento. Las características del individuo quedan determinadas mucho tiempo antes de nacer aunque para la astrología esto no tiene ninguna importancia. ¿Quiere decir que el vientre de la madre apantalla el efecto de los planetas? ¿Qué fuerza es capaz de viajar cientos de millones de kilómetros de frío espacio y es incapaz de atravesar unos insignificantes centímetros de carne? ¿Podremos vernos libres del influjo planetario si forramos nuestra habitación con filetes de ternera? Aún suponiendo que es el momento del nacimiento, ¿cuándo empiezan a influir los planetas, cuando sale la cabeza o cuando salen los pies? ¿O cuando cortan el cordón umbilical? ¿Qué ocurre con las cesáreas? ¿Cuando podemos decir que es el momento del nacimiento? ¿Y si se cae la madre y el nacimiento es prematuro? ¿Estaba escrito en las estrellas? ¿Por qué los astrólogos son incapaces de predecir este suceso? ¿Qué pasa con la fecundación “in vitro”? Aquí no hay cuerpo de la madre que apantalle a los planetas. ¿O el cristal del tubo de ensayo también es capaz de impedir la acción de los planetas? La respuesta a estas preguntas es sencilla: es más fácil conocer el momento exacto del nacimiento que el de la concepción, aunque los astrólogos hablen de destinos compartidos de madre e hijo, o de influencia espiritual en el momento de la concepción y física en el del nacimiento.

• ¿Son erróneos todos los horóscopos anteriores a 1930? Plutón, el último planeta (hasta ahora) fue descubierto en 1930. ¿Por qué los astrólogos de siglos pasados no se dieron cuenta de que sus predicciones estaban parcialmente equivocadas y dedujeron la existencia de nuevos planetas? La astronomía descubrió otros planetas por el efecto gravitatorio que tenían sobre el resto del Sistema Solar. Pero la astrología, como toda superstición , ha ido añadiendo a su bagaje los distintos descubrimientos científicos sin aportar absolutamente nada. Actualmente, algunos astrónomos postulan la posible existencia de un décimo planeta. ¿Qué nos dice la astrología al respecto? ¿es capaz de predecir si existe ese planeta y dónde se encuentra en estos momentos? Como siempre, obtenemos la callada por respuesta.

• Los signos tienen su origen en las constelaciones del Zodiaco. Pero éstas son 14 y no 12. Las dos que faltan son Cetus (la Ballena) y Ophiucus (Ofiuco). ¿Por qué los astrólogos no las tienen en cuenta? Durante mucho tiempo no fueron 12 los signos del Zodiaco ¿Cómo hacen los astrólogos actuales para construir la carta astral del rey babilonio Asurbanipal?

• ¿Por qué los signos tienen todos la misma extensión si las constelaciones que los originaron no son iguales?

• Las casas celestes están referidas al horizonte terrestre. ¿Qué relevancia tienen en el comportamiento de los astronautas en la Luna?

• Pronto mandaremos astronautas a Marte. ¿Qué efecto tendrá la Tierra sobre ellos? Cuando nazcan niños en otros planetas, ¿saldrán a la luz nuevas e inimaginables personalidades? Si realmente la Tierra ejerce algún efecto, ¿pos qué los astrólogos no la tienen en cuenta en sus horóscopos? ¿Por que si alguien se encuentra sobre la superficie de un planeta éste no influye para nada?.

LAS PRUEBAS A LA ASTROLOGÍA

Robert_HandMuchas son las preguntas que la astrología deja sin responder. Aun con todo, puede ocurrir que la hipótesis astrológica sea cierta. Para verificarla basta con diseñar una serie de pruebas y ver si realmente funciona.

El análisis debe hacerse de tres formas. Una, estudiando características generales o particulares de cada signo y ver si responden a la realidad en una muestra extensa de personas. Dos, viendo si las predicciones hechas por los astrólogos se han cumplido en un porcentaje elevado, comprobando así el carácter predictivo de la astrología. Y tres, analizando si las cartas natales describen realmente la personalidad del individuo.

Comencemos por la primera. Según la astrología las personas van a tener unas características físicas, psicológicas, sociológicas, filosóficas…. en función del signo bajo el cual hayan nacido. Por ejemplo, los Leo son líderes por naturaleza, luego deberíamos encontrar un mayor número de ellos en puestos de responsabilidad en empresas, países, etc. que de Virgos, signo poco proclive para el liderazgo. R. W. Bastedo (l978) analizó 31 características distintas (liderazgo, liberalismo, inteligencia, creencia en el ocultismo, empleo, altura, forma física….) en una población de 955 personas del área de la bahía de San Francisco buscando si existía una distribución no casual entre éstas y los signos a los que pertenecía cada una de ellas. No encontró ninguna correlación entre ambos. Noblit (1978) en su tesis doctoral, estudió las relaciones angulares entre los planetas y aspectos de la personalidad de los sujetos. No encontró la relación pretendida por la astrología. Mechler, McDaniel y Mulloy (1980) intentaron reproducir el resultado obtenido por la revista sensacionalista National Inquirer (1980) con una muestra de 26Z estudiantes utilizando el mismo cuestionario que el del National. Los resultados obtenidos fueron los esperados por el azar.

Roger Culver (1981) estudió la relación entre el signo de 300 personas y sus características físicas (forma de brazos, grupo sanguíneo, color de pelo…) Karl G. Jung (1983) estudió la suposición astrológica que, para las parejas, la posición del Sol en el momento de nacimiento de una de ellas corresponde a la de la Luna cuando nació la otra. Ninguno de estos estudios encontró las relaciones que la astrología afirma que existen. Tyson (1980) analizó las carreras escogidas por 10313 graduados. Por ejemplo, según la astrología los signos de Acuario, Sagitario, Aries, Géminis y Virgo son más propensos al estudio científico y racional. No encontró ninguna relación entre los signos y las carreras escogidas.

Se han realizado gran cantidad de estudios en esta línea. Snell, Dean y Wakefield estudiaron dos conjuntos de 1500 líderes. Si la hipótesis astrológica era correcta, se deberían encontrar menos Virgo que los esperados por el azar. Sin embargo no se encontraron diferencias significativas respecto a los otros signos. Farnsworth recogió las fechas de nacimiento de 2000 músicos para ver si encontraba alguna relación con el signo o el ascendente; Silverman, psicólogo de la Universidad de Michigan, estudió la compatibilidad e incompatibilidad zodiacal en 2978 parejas casadas y 478 divorciadas; también estudió las características de los signos de 600 estudiantes de psicología; Bennett y Barth, economistas de la George Washington University, analizaron estadísticamente la supuesta relación astrológica entre los signos regidos por Marte y los militares norteamericanos; el físico John McGervey de la Case Western Reserve University, estudió la relación entre el signo solar y la profesión de 6475 políticos y 6534 científicos. Ninguno de ellos encontró la pretendida relación astrológica.

Para finalizar debemos mencionar los trabajos del fallecido psicólogo francés Michel Gauquelin que durante años se dedicó a estudiar la astrología y ver si en ella encontraba alguna traza de credibilidad. Así estudió 15560 personas de lO profesiones diferentes y buscó si en realidad había alguna asociación con los signos, posiciones planetarias, ascendente…; también estudió lo que se conoce como herencia astrológica (los hijos tienden a nacer con iguales factores astrológicos que sus padres) sobre un total de 7964 y 3923 parejas padre e hijo; en ningún caso apareció el pretendido efecto astrológico. También puso a prueba a los astrólogos en su “experimento de destinos opuestos”. Consistió en proporcionarles las fechas completas de nacimiento de cuarenta personas, veinte delincuentes conocidos y otras veinte personas que vivieron largas y pacíficas vidas, y ver si eran capaces de diferenciarlos. El resultado fue el esperado por azar. Igualmente intentó reproducir los resultados de las investigaciones de Paul Choisnard (Pruebas y bases de la astrología científica, l92l). Este astrólogo fue uno de los promotores de la astrología científica. Así se expresaba al hablar de los astrólogos tradicionales: “… esos coleccionistas de reglas que siempre hablan de la experiencia pero nunca la definen”.

Choisnard estudió los aspectos de Marte respecto al Sol en el momento de la muerte de 200 personas encontrando que en un 36,5% ambos cuerpos estaban mal aspectados mientras que el cálculo probabilístico daba un valor del 22%. Gauquelin tomó una muestra de 7482 casos encontrando una proporción de 22,6%. Analizadas por otros autores las estadísticas de Choisnard (como Paul Courdec, entre otros), se ha visto que sus resultados se ajustan a las leyes del azar. Siguiendo con el planeta Marte, Gauquelin estudió su efecto negativo (rige las armas, la guerra, las heridas, la violencia) sobre 623 asesinos franceses, seleccionados como los más peligrosos. El número de las supuestas posiciones que debería ocupar el planeta para que este efecto se diera era inferior al esperado por el azar.

También estudió la vida de varios cientos de gemelos, los cuales deberían tener el mismo destino, y no encontró prueba alguna que apoyara la hipótesis astrológica. Después de todos estos estudios Gauquelin (1967) afirmó:

“Todos los esfuerzos de los astrólogos por defender su postulado básico han fallado. (…) Las estadísticas han demostrado la falsedad de los viejos argumentos de una vez para siempre. (…) Quienquiera que se diga capaz de predecir el porvenir consultando las estrellas se está engañando a sí mismo o está engañando a los demás”.

PREDICCIONES ASTROLÓGICAS

LUIS XVEl segundo paso que debemos dar consiste en analizar las predicciones hechas por los astrólogos. Ellos siempre afirman que consiguen un alto porcentaje de aciertos y como prueba de ello presentan una serie de predicciones que se cumplieron. Sin embargo, lo fundamental es conocer el número de predicciones realizadas y el número de aciertos. Evidentemente siempre habrá algunos. Nadie tiene el “don” de equivocarse siempre.

Hunter y Derr (1978), comprobaron las predicciones sobre terremotos de astrólogos y videntes estadounidenses. De las 240 hechas por 27 astrólogos, los aciertos fueron inferiores a los esperados por el azar. Culver e Ianna (1984) analizaron 3011 predicciones hechas por astrólogos de los EE.UU entre 1974 y 1979 en revistas de astrología. Sólo 338 (el 11%) fueron correctas. Cualquier persona medianamente informada puede lograr un porcentaje de aciertos del 20%. Châtillon (1985) comprobó 30 predicciones hechas para Norteamérica en 1984 por Huggette Hirsig, una de las astrólogas canadienses más famosas. Sólo 2 fueron correctas. Reverchon (1973) estudió las predicciones hechas entre 1958 y 1963 en la revista Les Cahiers Astrologiques por el renombrado astrólogo francés André Barbault. Este astrólogo, considerado de los mejores de todos los tiempos, predijo por ¡11 veces! el final de la guerra Francia-Argelia, que Kennedy sería reelegido en 1964 (fue asesinado en 1963), que Krushchev estaría en el poder hasta 1966 (fue depuesto en 1964) que De Gaulle dimitiría en 1965 (fue reelegido) Stearn (1972) estudió las predicciones hechas por astrólogos americanos en 1970. Los aciertos fueron mínimos. Entre otras cabe resaltar la siguiente predicción: “Nixon alcanzará lo cota máxima de popularidad en 1975” (El asunto Watergate fue en 1973 y dimitió en 1975).

Sobre astrólogos y videntes españoles hay un limitado estadio de Luís Angulo (1988). Aunque ellos afirmen que poseen un porcentaje de acierto del 90 ó 95% la realidad es bien distinta: solamente suelen acertar de un 20 a un 25%. Y apuesto que si se hiciese un estudio más amplio se vería bajar este valor de manera escandalosa.

Nos queda por recordar la famosísima Gran Catástrofe de 1983, debido a la “superconjunción planetaria”. Se predijeron miles de desastres naturales, políticos, económicos… Fue el astrólogo Boris Cristoff (1979 y 1981) el profeta de la catástrofe. Otros dos libros nos informaban sobre la hecatombe: Katerina Colosimo (¿la conocen?) en “¿Sobreviviremos a 1982?” basado en los trabajos del mencionado Barbault, y Joaquín Lizondo en “El fin del mundo para 1985”. Pese a tener el cielo en contra, seguimos aquí.

También es importante resaltar que hechos recientes, como la caída del muro de Berlín, la revolución de la Europa del Este o la crisis del Golfo Pérsico han pasado completamente desapercibidos para los astrólogos. Aunque haya algunos que afirman haberlas predicho (Pablos (1990) y Greene (1989) -la crisis del Este-), algo de tal magnitud debería haber sido detectado por todos los astrólogos que se dedican a la astrología mundial. No ha sido así. Incluso el astrólogo de la revista Más Allá recientemente fallecido, Helio Zendael (1989), escribió:

“Será este un mes (noviembre) sin grandes sobresaltos a nivel internacional”

El día 9 caía el muro de Berlín.

¿SON LAS CARTAS ASTRALES CORRECTAS?

CHARLES NODIERUn último aspecto que podemos comprobar es si las cartas astrales de los individuos reflejan realmente su personalidad. Normalmente la gente que cree en la astrología se ha visto reflejada en la carta astral realizada por el astrólogo. Ve que se ajusta a su personalidad. Sin embargo, lo importante es que esa persona sea capaz de distinguir entre la carta astral propia y otra que no lo es. Si una persona ve reflejado su carácter en una carta cualquiera, entonces la capacidad de predicción que se supone tiene la astrología es nulo porque las afirmaciones vertidas son tan generales que se pueden aplicar a multitud de personas.

Se han hecho diversos test que demuestran este extremo. Dean (1987) entregó la carta astral a 22 personas, pero donde había sustituido diversos frases por sus opuestas. Aún así, el 95% de las veces daban estas predicciones como correctas. La capacidad de discernir entre la carta buena y la errónea ha sido analizado en 7 estudios diferentes realizados por Cummings et al (1978), Neher (1980), Lackey (1981), Dwyer y Grange (1983), Tyson (1984), Carlson (1985) y Dwyer (1986) (ver tabla 1), dando como resultado que las personas son incapaces de distinguir entre su propia carta astral y otra completamente diferente.

Muestra Nº cartas Aciertos Esperable Azar
Cummings et al
12
3
4
4
Neher
18
6
3
3
Lackey
38
2
19
19
Dwyer y Grange
34
3
10
11
Tyson
15
5
2
3
Carlson
83
3
28
28
Dwyer
30
2
15
15

El psicólogo y astrólogo Niehenke (1984) entregó a 3150 alemanes un cuestionario para comprobar las afirmaciones de la astrología respecto a los aspectos planetarios. Un nuevo fracaso. Aunque la astrología afirma que las personas con más de cuatro aspectos de Saturno deben presentar una mayor tendencia a la depresión, Niehenke no encontró tal relación.

Carlson (1985), físico de Berkeley, introdujo un aporte original al experimento que condujo para comprobar si la posición de los planetas en el momento del nacimiento determina la personalidad: diseñó un test de doble ciego. Para ello dividió el experimento en dos partes. En la primera, entregó a los voluntarios tres cartas astrales hechas por astrólogos seleccionados por el National Council for Geocosmic Research, organización muy respetada por los astrólogos del mundo entero. De ellas, seleccionaron la que les pareció que mejor se ajustaba a su personalidad, además de decidir a cuáles les daban la segunda y tercera plazas. Los científicos pensaban que la elección de la carta correcta seguiría una distribución totalmente aleatoria: un 33% de acierto. Los astrólogos afirmaban que al menos acertarían la mitad. En la segunda parte fueron los 28 astrólogos quienes fueron puestos a prueba. Debían seleccionar entre tres perfiles psicológicos el que más se aproximaba a la carta del sujeto. De nuevo, los valores de acierto esperados eran por parte de los científicos el 33% y por parte de los astrólogos el 50% (realmente, poco confiaban en ellos mismos). El resultado fue demoledor: los datos obtenidos eran consistentes con la hipótesis científica. Sbawn Carlson concluye:

“La conexión entre la posición de los objetos celestes en el momento del nacimiento y la personalidad de los sujetos no existe.”

Dean (1985) también puso a prueba a los astrólogos. Dirigió un experimento donde debían decidir si al sujeto era extrovertido o introveriido, una característica de la personalidad fácil de determinar mediante test psicológicos y estudios astrológicos. Cuarenta y cinco astrólogos estudiaron las cartas astrales de los sujetos (se empleó un conjunto de 1198 personas) indicando, además, el nivel de confianza que daban a su juicio. Por otro lado, otros 45 decidirían si e1 sujeto era o no introvertido por simple azar. El resultado fue desastroso. Los astrólogos acertaron incluso menos veces que las predicciones hechas por simple conjetura. Es más, el experimento reveló lo escasamente de acuerdo que están los astrólogos en sus predicciones. Estadísticamente se estima que una correlación media de 0,7 es buena, 0,4 pobre y 0,24 o menos.., penosa. Pues bien, el acuerdo en los juicios hechos por los astrólogos fue del 0,1 y en el nivel de confianza de 0,03. Curiosamente aparecía mayor acuerdo entre los astrólogos principiantes que entre los expertos (toda una revelación).

Otros experimentos han destacado este punto. Clark (1961) obtuvo un valor de 0,12 para 30 de los considerados mejores astrólogos del mundo, que intentaron decidir sobre la inteligencia de los sujetos: Macharg (1975) halló un 0,17 para los astrólogos que estudiaron la tendencia al alcoholismo; Ross (1975) encontró un valor de 0,23 entre dos astrólogos que habían recibido un entrenamiento similar, que habían enseñado en la misma escuela astrológica y que habían seguido un curso de especialización del famoso astrólogo Rudhyar, al analizar 5 características de la personalidad. Steffert (1983) obtuvo 0,03 para 27 astrólogos que debían decidir sobre la felicidad matrimonial de 20 parejas.

Como muy bien dice Den (1987) en un excelente articulo:

“Si los astrólogos no están ni siquiera de acuerdo en lo que la carta indica, entonces ¿qué valor tiene la astrología?

¿POR QUÉ SE CREE EN LA ASTROLOGÍA?

EL PERICHLas objeciones a la astrología demuestran la poca coherencia que presentan frente a conocimientos profundamente asentados y las múltiples pruebas que se le han hecho evidencian que la astrología no funciona. Sin embargo, la mayoría de la gente sigue creyendo en ella. ¿Por qué? Diversos son los mecanismos psicológicos que toman parte, pero quizá el principal es porque ven que la astrología (como otras artes adivinatorias) funciona en ellos mismos. Dean (1987) señala una serie de factores psicológicos que intervienen en el convencimiento interno de la validez de la astrología:

• La lectura fría: por las reacciones involuntarias del sujeto el astrólogo obtiene la información que desea (ver Hyman (1977); para un ejemplo curioso ver Feynman (1988))
• La validación ilusoria: si los argumentos están a favor de algo, aunque los datos apunten en dirección contraria, el sujeto se queda con lo que le parece mejor o correcto.
• El “efecto procusteano”: forzar al sujeto a ajustarse a la carta.
• La memoria selectiva: acordarse únicamente de los aciertos.
• El efecto placebo: es bueno lo que el sujeto cree que es.
• El efecto Barnum: se aceptan como válidas afirmaciones aplicables a todo el mundo.
• El efecto del Dr. Fox: cegar el espíritu critico del sujeto con ciencia y humor.
• El efecto de proyección: encontrar significado a aquello que no lo tiene.

Un ejemplo clarísimo donde se demuestra la realidad de estos y otros mecanismos psicológicos lo encontramos en el experimento llevado a cabo por Gauquelin. En la primera parte de la prueba Gauquelin realiza el horóscopo del conocido doctor Marcel Petiot, que asesinó a cerca de 30 exiliados alemanes del nazismo y que fue guillotinado en 1946, según un programa preparado por el vicepresidente del Centro Internacional de Astrología (Santos, 1990). Al igual que ocurrió con otros asesinos, su horóscopo fue incapaz de revelar los rasgos criminales de su carácter. Posteriormente Gauquelin puso un anuncio en el periódico Ici-Paris donde ofrecía el horóscopo gratis a quien lo deseara. Junto con él adjuntaba un cuestionario donde el interesado debía comentar si el estudio astrológico (de diez páginas) se ajustaba a su carácter, si algún familiar o amigo compartía su opinión y si la carta acertaba a la hora de predecir los periodos buenos y malos. De las 135 contestaciones recibidas el 94% respondió afirmativamente a la primera pregunta, el 90% a la segunda y el 80% a la tercera. Conclusión: el 94% de los consultados se identificaban con la carta astral del mayor asesino francés de todos los tiempos. Tales mecanismos han sido confirmados en los experimentos realizados por Sayder (1974) y Stachnik y Stachnik (1984), donde demuestran un extremo altamente elocuente: si presentamos un texto cualquiera bajo la afirmación de que ha sido escrito teniendo en cuenta la fecha de nacimiento precisa del sujeto, es mucho mejor aceptado y “acierta muchísimas más cosas” que si se presenta simplemente como una descripción de su personalidad.

¿Por qué los astrólogos creen en la astrología? Esencialmente, todos sus argumentos pueden reducirse a los siguientes razonamientos:

• Para los astrólogos científicos, la suya es una ciencia porque utiliza el ordenador y tablas de posiciones planetarias de la NASA (Aladrén y Bogdanich (1990).
• La astrología ha sobrevivido al paso del tiempo, luego algo debe tener de verdad (Pablos 1990), Zapater (1990).
• Sólo los astrólogos son los únicos capaces de juzgar la validez de la astrología (Pablos. (1990), Aladrén y Bogdanich (1990), Cassanya (1990), Alazraqui (1990), Aladrén (1990), Bogdanich (l990b), J. Cadena (1990)).
• Está probada la influencia de los planetas sobre la Tierra, por ejemplo, la Luna y la lluvia, las manchas solares y las enfermedades cardiovasculares… (sic) (Aladrén y Bogdanich (1990), Áladrén (1990), Santos (1990))
• La astrología trabaja. No se acepta ningún experimento salvo el que se hace con el propio astrólogo (Pablos (1990), Aladrén y Bogdanich (1990b), Cassanya (1990)).

Esta última afirmación no deja de ser curiosa. En cualquier debate que se sostenga con cualquier astrólogo, éste afirmará que es de los pocos que se dedican seriamente a la astrología, que probablemente los experimentos realizados fueron hechos con pseudoastrólogos. Por eso, no aceptarán ninguna prueba (de resultados negativos, por supuesto) si no se realiza con ellos. Después de muchas discusiones uno se pregunta dónde diablos se encuentran esos pseudoastrólogos. Es evidente que cada cual tiene de sí muy alta estima.

El ataque personal también suele ser utilizado por el colectivo de astrólogos, como desgraciadamente han podido comprobar el autor y su colega Javier E. Armentia. Baste como muestra el manifiesto de los astrólogos, publicado parcialmente por el desaparecido periódico El Independiente (1990). He aquí alguno de los párrafos:

“… habría que ver cual sería el futuro profesional si se mostrasen reticentes al firmar y, tal como se está llevando a cabo la campaña, las posibilidades de promoción de los más jóvenes y poca pagados promotores.”

“… queremos introducir por nuestra parte algunas matizaciones. Entre otras cosas, querríamos ver a los astrónomos, cuya mayor parte son funcionarios y tienen los garbanzos asegurados, tratando de investigar en un medio hostil y buscándose las fuentes de financiación para ello.”

O también las declaraciones de uno de los más afamados astrólogos españoles, Vicente Cassanya, en una entrevista publicada en el número de Octubre de la revista Año Cero (1993):

“En España, un par de elementos que querían alcanzar notoriedad fueron pasando un manifiesto contra la astrología a diversos científicos, para que lo apoyasen”

Sobra todo tipo de comentario.

¿DEBEMOS CREER EN LA ASTROLOGÍA?

D. HAMBLINLa cita, extraída del Astrological Journal, una de las revistas más prestigiosas sobre astrología, nos muestra la verdadera naturaleza de la predicción astrológica.

Hemos visto contradicciones fundamentales en el seno de las distintas corrientes astrológicas. Hemos visto las objeciones que nos muestran la estructura arbitraria de la astrología. Hemos visto las numerosas pruebas a que ha sido sometida con resultados invariablemente negativos. Hemos visto, en fin, que la astrología no funciona. ¿Por qué los medios de comunicación no se han hecho eco de estos experimentos? ¿Por qué siguen siendo cajas de resonancia de creencias pseudocientíficas? Una posible razón es que la pseudociencia vende, el gusto por lo misterioso y lo fantástico que todo hombre lleva en su interior; el abandono de las religiones tradicionales junto con la búsqueda de otras vías que intentan explicar los porqués y el sentido del Universo de forma mágica y supersticiosa; la mala enseñanza de la ciencia que hizo de ella ‘la varita mágica arreglalotodo’ capaz de solucionar nuestros problemas, y lo que ha provocado es un desencanto hacia ella. Éstas son algunas de las causas del ascenso de todas estas creencias.

Thomas (1978) presenta otra posible respuesta al ascenso (y descenso) de las prácticas mágicas: son una forma de enfrentarte a situaciones en las cuales los métodos usuales no ofrecen ninguna posibilidad de éxito. Así, la astrología no es eficaz en el sentido estricto del término, pero proporciona seguridad y una sensación de control sobre el desarrollo de los acontecimientos futuros. “La magia prevalece cuando el control ejercido sobre el entorno es escaso” afirman G. y M. Wilson. De todas formas, no podemos separar los componentes sociológicos, culturales, históricos y tradicionales cuando queramos hacer un análisis sobre las motivaciones por las cuales aumentan las creencias pseudocientíficas. Como muy bien señala Pierre Thuillier en su estudio sobre la decadencia de la astrología durante el Renacimiento (ver Thuillier, l990), “esta supuesta ciencia no llegó a refutarse: sencillamente cayó en desuso”. No podemos convencer a nadie con argumentos racionales si no quiere convencerse racionalmente. El aumento del irracionalismo pasa por la claudicación del espíritu crítico. Se fuerza a que el mundo sea como nos gustaría que fuera y nos negamos a aceptarlo tal y como es. Por eso, en 1990 los científicos españoles se adhirieron a la declaración que en el año 1975 firmaron sus colegas estadounidenses. Una declaración que invita a que pensemos por nosotros mismos, a que analicemos las cosas antes de aceptarlas, a que comprendamos la ciencia y cómo trabaja. No se trata de imponer ninguna forma de pensar, sino todo lo contrario.

La astrología es una grave enfermedad. Hace a las personas conformistas y apáticas, sin capacidad de reacción y decisión. Es una excelente excusa cuando las cosas salen mal o se tuercen. “Está escrito en las estrellas y no puedo luchar contra el destino”. Con ella podemos justificarlo todo, incluso las mayores atrocidades.

“Si nuestra sociedad necesita de toda su capacidad racional para resolver los importantes problemas que tiene planteados, ¿Qué ocurrirá si empresarios, economistas y políticos confían el destino de empresas, capitales y naciones a los oscuros designios de los dioses-planetas?” (Armentia, Sabadell, Zamorano, Aragón y Montesinos. 1990).

La astrología hace a las personas manejables por charlatanes y visionarios. Pretenden que volvamos 4000 años atrás, cuando se creía que la Tierra era el centro del Universo y los dioses gobernaban hasta la caída de una hoja.

Puestos a elegir, prefiero soñar leyendo El Señor de los Anillos.

 LA JETOLOGIA

Una forma de hacer ver la completa irrelevancia del planteamiento astrológico es mediante la creación de otra ciencia sin el bagaje histórico de la astrología. Franknoi (1989) propone la JETOLOGIA: el destino y carácter de las personas puede conocerse a partir de la posición de los aviones jumbo en el cielo. Evidentemente, los jumbos más cercanos al bebé en el momento de su nacimiento influirán más que los lejanos.

Podemos crear relaciones entre ángulos, alturas… de los aviones y por la forma en que están pintados atribuirles unas características determinadas. Con ayuda de un potente ordenador que archive todos esos datos le damos la envoltura de ciencia necesaria para estos menesteres y ya estaremos en condiciones de lanzar este “arte” al mercado.

JURAMENTO HIPOCRÁTICO DEL ASTRÓLOGO

No podía dejar pasar sin transcribir este juramento para los lectores (como reza en la carta astral del Observatorio de Greenwich realizada por el astrónomo John Flamsteed, “contened la risa, amigos míos”):

1. No practicaré la adivinación ni la predicción para satisfacer los mórbidos anhelos de los curiosos.

2. No intentaré sorprender ni jugar con la credibilidad de otro, únicamente daré satisfacción a las consultas de aquellos que tengan un problema que no puedan resolver ellos solos y busquen ansiosamente ayuda; en lugar de avanzar un propósito, me esforzaré por estimular el pensamiento recto, que contribuya a evitar y mitigar una condición desfavorable que vea en actividad, interpretándola en términos de influencia, antes que en términos de hechos; enseñando siempre una doctrina de libre albedrío y autocontrol emocional que sea antítesis de fatalismo o predestinación implacable.

3. No daré consejo a persona alguna que contribuya a perjudicar a terceros, o que se aproveche o pretenda aprovecharse injustamente de ellos.

4. Nunca efectuaré manifestación o interferencia que vaya en detrimento de cualquier manera, de otro astrólogo.

5. Si un astrólogo me llamase a consulta le ayudaría con la plenitud de mi saber.

6. Siempre trabajaré por enriquecer mis conocimientos y por enseñarlos a quien considere digno de seguir mis pasos.

7. Consagraré mis energías sin escatimarlas a mejorar la comprensión humana y las relaciones de las personas, en beneficio de un mejor entendimiento y servicio de la sociedad.

8. Quiera el Creador que colocó los planetas en sus órbitas para guiar los destinos del hombre, preservarme proporcionalmente a la fidelidad en que yo siga las leyes que se me han ordenado enseñar.

REFERENCIAS

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NOTAS

1- También llamado principio de correspondencias se mantiene vivo hoy día como eje vertebrador de toda corriente ocultista que se precie. Baste con leer, por ejemplo el Tratado Elemental de Magia Práctica de Papus (seudónimo del Dr. Encausse) (Ed. Humanitas. 1985), Dogma y ritual de Alta Magia de Eliphas Levi (Ed. Humanitas, 1985) o El Mago de W E. Butler (Luis Cárcamo Editor, 1985). Tal ‘principio’ es producto exclusivamente de la mente humana y no existe ninguna base física que lo apoye. En la magia ritual es la voluntad del mago la encargada de ‘transportar’ las propiedades del amuleto al objeto correspondiente, pero en la astrología el paso es automático.

2- Mencionados por primera vez en el documento VAT 4924 (419 a.C.).

3- Quizá la mejor traducción fuera decanatos, pero eso llevaría a error al confundirse con un concepto del mismo nombre de la astrología moderna con el que no guarda relación alguna. Esto no deja de ser curioso ya que los decanos son la razón actual para la división en doce horas de la noche, y de aquí de nuestro día de 24 horas. Ver Neugebauer (1957) y Pannckock (1961).

4- Salida de una estrella cuando el Sol se pone.

5- Desplazamiento que el punto vernal (que marca el comienzo de la primavera) sufre debido al efecto gravitatorio combinado del Sol y la Luna, que intenta poner al eje terrestre perpendicular a la eclíptica. Debido a esto el eje terrestre describe un movimiento cónico con un periodo de 26.000 años. Actualmente la estrella polar se encuentra en la constelación de la Osa Menor, pero en el 2800 a.C. estaba en el Dragón y para el 4000 d.C. estará en Cefeo. Así, la Tierra se comporta dinámicamente igual que una vulgar peonza y por eso los signos, definidos a partir de la posición del punto vernal hace 2000 años, no coinciden hoy con las constelaciones que les dieron nombre. La tan manida Era de Acuario es debida a que el punto vernal ha atravesado la constelación de Piscis y se encuentre a punto de entrar en Acuario.

6- El astrónomo aficionado Ben Mayer ofreció un premio de 10.000 dólares al astrólogo que le mostrase una fotografía sin ningún tipo de trucaje donde se viera el Sol en Cáncer en lugar de en la constelación de Géminis (donde realmente se vio) durante el eclipse de Julio de 1991.

7- El orto es el error máximo admitido para poder afirmar que dos o más planetas se encuentran aspectados. Cuando un astrólogo dice que dos planetas se encuentran en oposición (un ángulo de 180 grados) es cierto dentro de un arco de 7 grados (March y McEvers, 1989).

8- Un discípulo de Beroso llamado Archinapolo propuso que fuera la concepción el dato clave para la construcción de la carta astral. Parece ser que el pobre no tuvo mucha suerte.

9- Gauquelin es usado por los astrólogos como prueba estadística de sus creencias. Lo que en realidad hizo fue crear lo que llamó Cosmobiología o, ya hacia el final de sus días, Neoastrología, basada en una serie de estadísticas altamente sesgadas y que contradecían las posturas tradicionales de la Astrología. Para una discusión de este nuevo tipo de creencia pueden verse la serie de artículos aparecidos en la revista Skeptical Inquirer vol. 4 nº 2 o bien Pecker (1983), Kelly (1981) o Toharia (1993).

10- Vicuña (1993) ha realizado un análisis más reducido sobre un grupo de predicciones realizadas por videntes españoles. El resultado sigue siendo el mismo: negativo. Sin embargo, introduce una modificación muy original: el uso de un grupo de control integrado en su mayoría por miembros de ARP. El resultado es que aciertan muchísimo más los escépticos que los videntes.

11- Incluso dos astrofísicos, Gribbin y Plagemann (1974) profetizaron la tragedia debida a que las fuerzas de marea de los planetas provocarían un aumento en la actividad solar. Su libro, claro ejemplo de prosa pseudocientífica, se vendió como rosquillas y los astrólogos lo usaron como “prueba” de su “ciencia”. No perderse los sabrosos comentarios de Gardner (1987). Para un corto análisis del ‘efecto Júpiter’ ver Tempesti (1982).

MANIFIESTO

Transcribimos a continuación íntegro el manifiesto “Objeciones a la Astrología”, proclamado por numerosos científicos en 1976, y promovido en España hace tres años por nuestros compañeros Javier E. Armentia y Miguel Angel Sabadell. Fue suscrito por más de 250 científicos de nuestro país.

OBJECIONES A LA ASTROLOGÍA

Científicos de diversos campos estamos preocupados por el incremento en la acogida de la astrología en muchas partes del mundo. Nosotros, los abajo firmantes, -astrónomos, astrofísicos y científicos de otras ramas del saber- queremos prevenir al público sobre la aceptación incondicional de las predicciones y consejos dados privada o públicamente por los astrólogos.

Aquellos que quieran creen en la astrología deberían saber que no existe fundamento científico para su creencia.

En la antigüedad las personas creían en las predicciones y consejos de los astrólogos porque la astrología formaba parte de su visión mágica del mundo. Veían los objetos celestes como moradas y presagios de los dioses, y por tanto íntimamente conectados con los sucesos que ocurrían aquí en la Tierra: No tenían idea de las grandes distancias que nos separan de los planetas y las estrellas. Ahora que estas distancias pueden ser y han sido calculadas, podemos ver lo infinitamente pequeñas que son las influencias gravitacionales y de cualquier otro tipo producidas por los lejanos planetas y las aún más lejanas estrellas. Es simplemente un error imaginar que las fuerzas ejercidas por las estrellas y los planetas en el momento del nacimiento pueden de alguna forma determinar nuestros futuros. Tampoco es verdad que la posición de los objetos celestes haga que ciertos días o periodos del tiempo sean más favorables para emprender algún tipo de acción, tales como negocios, trabajos, viajes…, o que el signo bajo el cual uno ha nacido determine la compatibilidad o incompatibilidad en su relación con otras personas.

¿Por qué cree la gente en la astrología? En esta época de incertidumbres es muy reconfortante tener quien dirija la toma de las propias decisiones. Gusta creer en un destino predeterminado por fuerzas astrales más allá de cualquier control. Sin embargo, somos nosotros los que debemos enfrentarnos al mundo, debemos darnos cuenta que nuestros futuros dependen de nosotros mismos, y no de las estrellas.

Imaginábamos, en estos días en que la cultura y la educación se encuentran muy difundidas, que sería innecesario desenmascarar creencias basadas en la magia y la superstición. Con todo, la aceptación de la astrología es cada vez mayor en la sociedad moderna. Estamos especialmente inquietos por la continuada proliferación de cartas astrales, predicciones y horóscopos por los medios de comunicación social tanto visuales como escritos. Esto sólo puede contribuir al crecimiento del irracionalismo y el oscurantismo. Creemos que ha llegado el momento de rechazar vigorosamente las afirmaciones pretenciosas de los astrólogos charlatanes.

Es claro que esas personas que continúan teniendo fe en la astrología lo hacen a pesar de que no hay ninguna base científica para sus creencias, y sí hay una fuerte evidencia de lo contrario.

Cortesía de ARP Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico

Publicado originalmente en “La Alternativa Racional”, número 30.

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Categoría: Astronomía, Otras destacadas

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